Walker Evans, 1935.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Festival AMAMAMONA VOL.6


En apoyo a MI AMIGO Zabo Nicolás Martín Zamorano en la presentación de su primer disco "Zabo & The Tutti Frutti Orchestra: Música para discapacitados emocionales" voy a estar leyendo en el Festival AMAMAMONA VOL. 6, el viernes 10 de diciembre a partir de las 20 hs en el Salón Real (Sarmiento 1272, Microcentro, Bs. As.). Ahí los veo!



Alexis Turnes Amadeo.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Entrevista Programa Radial "Compromiso".

Acá les dejó el audio de una entrevista que me realizó Andrea Desmoures en su programa radial "Compromiso" (FM 89.9) en el marco del Día Internacional de Lucha contra la Violencia de Género. Espero la disfruten.

video

Alexis Turnes Amadeo.

martes, 23 de noviembre de 2010

Familiesto Corrompista.

Un niño en una habitación oscura. Un niño de ocho años tapándose los oídos en una habitación oscura. Un niño de ocho años tapándose los oídos mientras cantaba “no oigo nada soy de palo, tengo orejas de pescado” en una habitación oscura.

Una mujer en una habitación contigua a la de un niño. Una mujer y su marido en una habitación contigua a la de un niño. Una mujer que grita y su marido golpeándola en una habitación contigua a la de un niño de ocho años.

Una familia estándar con un papá, una mamá, uno o dos o tres hijos, quizá más, viven en una casa estándar, con tres perros estándar, en un pueblo estándar. Lo mismo decir: una familia estándar con un papá golpeador, una mamá golpeada, uno o dos o tres hijos, quizá más, golpeados, viven en una casa estándar, con tres perros golpeados estándar, en un pueblo sordo estándar.

Así comienza una historia estándar de anécdotas por demás oídas, de historias estandarizadas y subyugadas por un pueblo que no quiere oír, un espectador stand up (¿o estándar?) porfío en llevar una vida tranquila, una vida feliz, una vida estándar.

Martín era un pibe ecléctico, etéreo medio-loco o lo que equivale decir soñador o medio-golpeado. Lucrecia era una chica ejemplar, estudiosa y sensible media-golpeada. Horacio era un todo-caballero flemático a medias, domador profesional de pértigas o medio-golpeador. Marcela era una mujer azorada por la rutina, magullada por Eros, medio-golpeada.

Esta es la historia de una familia particular y no tanto, una familia regenteada por una cruz, por un viejo senil con una cruz, por una costumbre, por un pueblo luciferino, por un, por un, por un…

Horacio llegaba de trabajar de una larga y dura jornada propia de un sistema carroñero que devora a quien no se mueve. Marcela lo esperaba, mortecina, famélica, dispuesta a recibir su condena. Martín y Lucrecia solo querían jugar, los niños siempre querían jugar.

Una violencia sistematizada de raigambre constitucional, tiene como testigos de una desmesurada inmolación, individuos exánimes y sedientos, de libertad, de igualdad, de amor. Ellos siempre querían jugar.

Esta es una historia de niños que jugaban a ser soldados, de niños que no podían dormir, de niños que debían cantar “no oigo nada soy de palo, tengo orejas de pescado”.

25 de noviembre: Día Internacional de Lucha contra la violencia de género.


Alexis Turnes Amadeo
25 de noviembre de 2010.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Desasosiego adolescente

I

Uno frente al otro, ella y yo. Así nos encontrábamos, grandilocuentes, incógnitos esperando una primera respuesta contraria para actuar en consecuencia. Yo me encontraba absorto, paralizado, temeroso. Ella expectante, amarronada, vil, despreciable, infame y desagradable. Todo era cuestión de un gran movimiento, un rápido y sagaz movimiento. Me agacho y tomo con precaución mi calzado. Ignota, sólo mueve sus extremidades, casi con lujuria. Tomo el tiempo, calculo el espacio y en un acto volitivo, rápido, preciso e ininteligible lanzo el zarpazo. Me detengo antes de finalizar mi objetivo. Ella sólo se traslada unos centímetros.

II

Cuando mi conviviente me comunicó con tan solo un mes de anticipación que no iba a renovar el contrato de alquiler, puesto que volvería a su pueblo natal, mis primeros pensamientos fueron meramente económicos. Hacerme cargo de un alquiler (con su tan anunciado aumento), siendo un estudiante desempleado, no era un detalle menor. La situación requería mi total atención, mi total esmero, mi sacrificius totalus (podría decir J.K. Rowling).

Comencé por buscar empleo, lo cual fue un absoluto hastío. Me encontraba intransigente a las entrevistas. Veía armas y asesinos en mis tests de Roscharch, dibujaba un hombre bajo la lluvia sin paraguas y llegaba mojado a las entrevistas por no llevar paraguas. Siempre iba a haber una hermosa y despampanante mujer rubia que se “adaptara al perfil de la empresa” mejor que yo. Cataclismus totalus.

Siempre me considere un tipo creativo (pero no resolutivo según “los perfiles que buscan las empresas”). El dinero llegaría por ese lado.

III

Mi pensamiento gamberro, ambicioso, desesperado, “creativo” se genera, inclusive, teniendo una cucaracha enfrente. ¿Cómo puede UNA cucaracha industrializarse en una fuente de ingreso? Si vamos a hablar de economía hay que pensar en la OFERTA y la DEMANDA. Si yo pudiera hacer de una cucaracha algo único en su especie, y reducir la OFERTA a UNO, entonces la DEMANDA sería infernal, subiría su precio y mi cucaracha, mi genuina cucaracha capitalista, sería el artilugio que me libere de ese indómito infortunio.

Nunca creí que Mochon y Becker fueran a servirme de algo.

IV

Tiré mi alfombra de baño sobre ella para que no pudiera escapar. No pareció molestarle, se mantenía impasible. Me dirigí hacia la heladera, agarré un tarro de mermelada de frutilla, lo vacié. Agarré un cuchillo y comencé a perforar su tapa dejando pequeños agujeros en la superficie. Sería su hogar. Retomé mi viaje al baño, esta vez super-equipado con mi frasco de mermelada y una palita.

V

Monopolizar la actividad cucaracharil solo podía ser visto desde una óptica ecológica. Cuando las pieles de los animales son pieles que pertenecen a animales de inferioridad numérica, valen más. Si pudiera eliminar a todas las cucarachas del universo, probablemente científicos y ONG’s defensoras interesadas en preservar la especie, pagarían una exorbitante suma de dinero por mi nueva conviviente, mi nueva cucaracha que planea inconscientemente ser la última.

VI

La convivencia con las cucarachas es menos agobiante de lo que nos deja entrever Gregorio Samsa (Tal vez a Kafka nunca lo plantaron un mes antes de renovar el alquiler de su departamento). No son demandantes, no hablan, no estorban (sobre todo si están encerradas en un frasco).

El otro paso de mi tramoya fue envolver a todos mis conocidos en una nigromancia tal que les hice creer que las cucarachas eran portadoras de un virus particularmente mortal. El sólo contacto con su defecación (si es que las cucarachas defecan, no lo sé) produciría un efecto fatal. Este fenómeno fue transmitido de persona en persona hasta lograr una masacre considerable. Las distintas tribus anfibias fueron de gran ayuda.

Ahora solo quedaba esperar un poco más. Era mi única posibilidad.

VII

Fue a fines de noviembre de 1979 cuando mi fulgurante plan pasó a convertirse en una anacrónica utopía, cuando fue palmario mi descalabro.

Mi vecino el general, verde y omnipotente, susurraba a sus subalternos. Denoté una sonrisa maliciosa y bastó con lo que escuché para considerarme acabado.

- No alcanza con encerrarlas, hay que acabarlas como cucarachas que son.

- ¡SÍ MI GENERAL!

Nunca falta oportunidad en la que alguna vez nos preguntamos ¿alguien en éste mundo estará pensando en éste exacto momento lo mismo que yo? Pues yo nunca creí que en el mismo instante en que estimé encontrar la solución a mis problemas económicos, un simposio de personas vestidas de casco, botas e indumentaria camuflada estuviera pensando en exterminar las cucarachas para comerciar su cucaracha mayor a los apabullados doctores de la ciencia. Mi plan había sido frustrado. Era hora de volver a casa de mamá y papá.

Alexis Turnes Amadeo
15 de noviembre de 2010.
http://indubioproidiotas.blogspot.com

domingo, 7 de noviembre de 2010

Mito sobre la Creación


Una persona y un ente desconocido se encontraban charlando en un bar.

- Soy escritor.
- ¿Qué escribe?
- Textos, supongo.
- ¿Sobre qué?
- Sobre lo que se me pregunta.
- ¿Y le preguntan muchas cosas?
- Usted es un vivo ejemplo.
- ¿Y qué le hace pensar que estoy vivo?
- Voy a escribir sobre eso.
- ¿Sobre qué?
- ¡Insiste en que escriba sobre usted!
- ¡Yo no insisto, sólo pregunto!
- Por eso
- Es usted muy confuso.

Furibundo, el ente desconocido se levanta, diáfano, colosal, intentando comprender tan deleznable e irracional conversación. La persona imita sus movimientos.

- ¿Qué hace?
- Intentando escribir sobre usted.
- No me interesa - espetó el ser.
- Sobre eso ya no puedo escribir.
- ¿Sobre qué hombre?
- Ahora vamos bien.
- ¿A dónde vamos?

La persona se mantenía incólume, iniciando un periplo en cada una de las mesas, en cada una de las personas que se encontraban en el bar, desmitificando la labor del inventor, el embustero, la creación ascética basada en la inspiración. El ente desconocido ya se no se encontraba allí. Había finalizado su gran obra.

Alexis Turnes Amadeo
5 de noviembre de 2010
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miércoles, 8 de septiembre de 2010

Feria del Libro Brandsen

Hoy voy a presentarme y leer en la Feria del Libro en Brandsen a partir de las 18.30 hs. en la Sociedad Rural (Ruta 29, KM 2) Los espero!

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Ciclo Crema en Pelu Prana

Queridos lectores!

El jueves 2 de septiembre a las 19.30 hs. leeré tres de mis cuentos en el "Ciclo Crema" de Pelu Prana (Amenabar 2237, a cuatro cuadras de la estación Juramento, de la linea D de subte), la entrada es gratuita, así que si tienen ganas, nos vemos todos ahí!


Alexis Turnes Amadeo.

viernes, 13 de agosto de 2010

Festival Monstruopolis/AMAMAMONA

Hoy voy a estar leyendo algunos de mis textos en el Festival AMAMAMONA junto con el Monstruopolis en el Salón Real (Sarmiento 1272, Bs. As.). El horario de comienzo es a las 19 hs y yo estaría leyendo a las 19.20 hs. inciando el festival, a las 21.30 y a las 00.10 hs antes de la banda principal.
Espero verlos ahí!


Alexis Turnes Amadeo

viernes, 23 de julio de 2010

Timador de sueños

Si una persona fantasea ante la posibilidad de un éxito rotundo de bonanza, se dice que es un soñador. Si un ente es el protagonista de ese utópico arquetipo, existe la posibilidad de que se lo defina como un ser soñado. Unos y otros, son conscientes de eso.

La diferencia entre el soñador y el ser soñado radica en su esencia. El primero es el gran creador, el artífice del porvenir del segundo. El segundo, por ende, no es otra cosa que el mandatario del primero. Supongo que entro en la segunda categoría. Nunca engendré mis acciones.

El ser soñado no tiene apariencia y es víctima de constante metamorfosis. No puede ser identificado, solo soñado. El ser soñado no es condescendiente a la consciencia del soñador, sólo al reflejo instintivo y maquinal de quien lo sueña. El ser soñado sueña con soñar, y el soñador, sueña con soñar aquello del ser soñado que lo haga feliz. Si uno sueña, el ser soñado se activa, y cuando lo hace, solo queda con soñar el proceder del ser soñado.

Cuando un soñador me sueña, sueño con que el sueño nunca termine. Cada despertar de un soñador, implica una masacre, un asesinato de seres soñados; y los seres soñados sueñan con volver a ser soñados por un soñador, no importa cuál. En ocasiones me sueñan y me matan en sus sueños, en otras, me matan con tan solo despertar al alba. En ocasiones me sueñan y quisieran matarme, en otras solo sueñan con no volver a soñarme.

Vivir la vida de un ser soñado no es fácil, si puede llamárselo vida. Empotrarse en los sueños de un soñador, depende de su indulgencia o cerrazón. Su oprobio, implica nuestro aniquilamiento. Por ende el ser soñado vive con temor, de ser aniquilado, de ser soñado.

Un niño enclenque caminaba por las calles de Buenos Aires, mendigando, nadie sabe si afecto, hogar o tan solo monedas. Una señora pacata caminaba por la calle y lo percibió. Estrecho su mano, y con compasión, asco y orgullo de su acción, le tiro unas monedas y dijo “Eres un ser soñado”. El niño se estremeció de terror.

Alexis Turnes Amadeo.

viernes, 2 de julio de 2010

Sofía

Podía sentir el sacrilegio del mundo, sin inmutarse. Subrepticiamente sorteaba las calles de toda la ciudad. Y un individuo en otro sitio la creía abyecta, y una muchacha de más arriba la veía sumida en un letargo sin desenlace, y el hombre del costado se regocijaba, y el niño de abajo dibujaba una película en el paisaje de sus ojos, y la señora, la más incrédula, protestaba ante sus vecinas proclamando insanidad e interdicción.

Una tarde de invierno le oí decir cabizbaja "fría oscuridad voy a pervertirte, fría oscuridad voy a seducirte" como un diapasón, sin cerebro, nada más que alma. Y uno la observa como repite esa voluntad del mendigo. Pocos fuimos los que nos preguntamos cuál era su búsqueda y de dónde provenía esa desvergonzada impunidad que la desembarcaba a movilizarse entre la oscuridad de un beso letal de soledad, como si el mundo fuera una llanura bucólica pura.

Algunos la vieron llorar, otros la vieron volar en tiempo real, yo la vi amar hasta la sangre derramada.

Se había convertido en un mito, todos hablaban de ella, en realidad, me hubiera gustado que todos hablaran de ella. Por allí dijeron que sólo se trataba de música, aquello que la mantenía viva. Por allá intentaban descifrar el enigma de su sombra. Los unos y los otros la tenían presente ¿cómo es posible que nadie pudiera verla?

Aprenderé a convivir con ella bajo la histeria de un recién enamorado. En mi cuerpo solo sentiré el pasado como nunca fue, donde Sofía ya no esté. En la eternidad de un estadio transitorio me verán, viviendo junto a mi Soledad.



Alexis Turnes Amadeo
Sofía Ruvituso, autorretrato

lunes, 10 de mayo de 2010

En la vereda de enfrente (versión Olimpo)

Sentado en la vereda de enfrente uno intenta comprender en forma obvia, las simplezas absolutamente tergiversadas, manipuladas, casi suicidas en que los artistas vivenciales se regocijan de su inexistente y banal penuria. Italo Calvino lo decía muy bien “aquel que quiere mirar bien la tierra debe mantenerse a prudente distancia”, posición cómoda, despreocupada; metamorfosis absoluta, jueces de la incomprensión, mofadores. Bienvenidos entonces a mi vida. Soy deidad.

Trabajo social, así lo definí. Esa es mi función. Ya hablé demasiado y quiero escuchar. La problemática se presenta entonces cuando no puedo tomarme en serio los problemas de los demás, y no porque carezcan de importancia, sino que sencillamente me parecen innecesarios. Desencuentros amorosos en donde la víctima traslada su fracaso a una persona impiadosa. Y Ahí digo yo “víctima no, victimario de tu propia y estúpida disconformidad” y toda una serie de comentarios y consejos que tengo anotados en un cuadernito, y esto es así porque como ya he comentado en otras oportunidades, descreo de la mente infinita e incatalogable del ser humano. Escucho y repito.

¿Altruismo? Jamás. Simplemente me regodea tener respuestas acotadas y certeras, cumplir con mi supuesta acción benéfica del día impartiendo tan poco esfuerzo. Y quienes coquetean con la miseria, me abrazan y dicen GRACIAS; después vienen sus lágrimas, un abrazo y me odio.

Finalmente vuelvo a cruzar la vereda y me enrollo. La vulnerabilidad me pincho el dedo gordo, y mi escollo mental se vuelve obsceno, profano. Me victimizo y no es que los demás no se aprovechen de eso, al contrario, escuchan y repiten, todo es tan simple. Si pudiera al menos tener un cuadernito con respuestas precisas para saber cómo actuar. Soy hombre.

Básicamente es una cuestión de hombres y deidades, la lúgubre búsqueda del equilibrio. La pesadumbre del incomprendido, la praxis del tutor. No puedo ser una cosa o la otra, tampoco puedo ser las dos. Soy cristiano y estoy muerto (Gracias a Dios).

A mi hermana con cariño.

Alexis Turnes Amadeo


Walker Evans, 1935.

sábado, 24 de abril de 2010

A los Negadores de Historias

Del escepticismo nacen las verdaderas sorpresas. No son los grandes idealistas quienes gozan de sus proezas sino aquellos que descreen de su verdadera aptitud de creer. Plasmando estos preceptos a la realidad concluyo que solo aquellos quienes se niegan a visualizar los verdaderos motores de la existencia son quienes pueden aceptar con facilidad la no virtualidad de los hechos.

Los escépticos- o los por mí denominados "negadores de historias" -poseen una visión tan particular y estrecha que en conjunto forman una gran masa que los asimila a la otra gran masa con la que coexisten.

Desde mi visión del comportamiento humano, nadie es tan original. Las conductas se reiteran sucesivamente unas a otras en fragmentos imperceptibles que nos hacen creer ajenos a lo aledaño. Pero no hay que confundirse. Los escépticos poseen otras virtudes, y una de ellas es la posibilidad de sorprenderse. El mundo no es tan complejo y los procesos son cíclicos, y mientras los creyentes solo deben recorrer un radio, ellos (los negadores de historias) agotan sus recursos recorriendo un diámetro infinito, de decepción, de asimilación a lo desconocido que se torna conocido por los demás.

Mis estudiados seres niegan con seguridad absoluta, inhibidora. Niegan el amor, la felicidad, las casualidades. Niegan la Divina Providencia, el amanecer, la confianza y el fracaso. Y es aquí donde quiero dar finiquito a mi observación. Admiro a estos seres profundamente, pues ellos y solo ellos saben cómo evadir el sentido común, lo consuetudinario del alma, "El Aleph" y "La escritura del Dios" de Borges. Aquí, in fine de mi texto les doy las gracias por no creer, por alentarme a vivir dos veces.

Alexis Turnes Amadeo

Floripondio

Desde el período de la concepción hasta no hace basto tiempo pequé de confiarme similar a los amantes. Parecía una tarea sencilla, pues consistía en esperar el momento justo hasta percibir una oportunidad que se situara ante mis ojos.

Según mis creencias no era más que un proceso natural y fortuito, común e inherente a cada uno de nosotros. ¡Qué equivocado estaba!

No me culpen. El mundo es una gran falacia que pregona lo que hay, donde no lo hay. Un famoso fotógrafo dijo una vez: "la fotografía es una promesa, y esa promesa nunca se cumple"; adaptando esa premisa a la realidad, creo que el mundo es una fotografía, una gran promesa.

Continuando el relato, o la falacia (o la fotografía del mundo), entendí por los principios de la física cuántica, que el tiempo no es más que una ilusión. Sí, es increíble, pero eso dice uno de mis libros de física cuántica. Así que en lugar de esperar, ilusioné; y es allí donde, de forma exhaustiva, podría taxativamente dar cuenta de mis experiencias y anécdotas.

Entendiendo a un sistema como una concatenación de unidades que funcionan en forma conjunta, mi vida no era más que el ensamble de decepciones que conspiraban con afán de hacerme creer que lo que naturalmente debía suceder, podía verse interrumpido o hasta corrompido.

Entonces entendí. Podría disfrutar de la reciprocidad del amor que se otorgaban los extraños. ¡Qué generoso se torna el mundo desde esa perspectiva! Podría inmiscuirme en la surrealista idea de apelar a la felicidad, a través de la felicidad de los demás.

Y así sucedió; y aquí me ven. Perpetuo en lo insólito de mi circunscripción. Veo la gente al pasar; encontrándose, uniéndose; y yo estoy allí, encontrándolos, uniéndolos, dejándolos ir, pues, al fin y al cabo, había comprendido que es lo que tan solo puede hacer, un árbol de floripondio.

Alexis Turnes Amadeo.
(Publicado en "Argentina en versos y prosas", Ediciones Raíz Alternativa, 2009)

Encuentro conmigo

No eran más de las dieciocho horas cuando me despertaba para iniciar la supervivencia en este azaroso y cruel mundo en cual vivimos. Mi papá siempre decía “vivís el mundo del revés”, y en efecto, tenía razón. Me despertaba cuando el sol había iniciado su descenso, comía algunas tostadas con queso untable y un cappuccino para subsanar la falta de alimentos que debería haber ingerido durante el desayuno y el almuerzo, y, terminado dicho acto, comenzaba la ardua lucha contra el sedentarismo y la cotidianeidad que me hostigaban a diario. Aclaro que, además, se debatía en mi cabeza un duelo psicológico a cerca de la dicotomía de creer si estábamos llevados a la predestinación o si seríamos artífices de nuestro propio destino; hubiera sido beneficioso para mí optar por la primera posibilidad, pero muy dentro de mí sabía que estaba lejos de ello.

Las horas transcurrían y sumergíame en el mundo de las ilusiones y utopías, las proyecciones, ese axioma universal de la vida tipo, feliz, ese cliché que me habían impuesto cuan niño. Pero al mirar el reloj, ya había pasado media noche y no había hecho nada de mi existencia, no había incorporado nuevas tendencias, ni quebrantado paradigmas.

Necesitaba un plan, al que debía visualizar, por ello opté por trasladarme al mundo paralelo más abstracto e ideal que tenía a mi disposición. Tomé un DVD, lo inserté en el reproductor. Encontré una historia, una vida, me transformé en un personaje, todo tenía sentido, formaba parte de un grupo de pertenencia el cual también me pertenecía. Cambié mi voz, mi indumentaria, fui testigo de dos excitantes horas en donde el planeta, ese geoide cuerpo azul, parecía girar a mí alrededor. Me hablaban, miraban, tocaban, querían; la integridad, formaba parte de mí.

No eran más de las dieciocho treinta horas cuando me despertaba para padecer, otra vez, todo el conjunto de estadíos que me asediaban en la totalidad de mis días. Era paradójico encontrar la complejidad en los actos eventuales asimilados por el común de las personas que me rodeaban. Observaba con indiferencia el paso de los segundos, los minutos y las horas, cuando el ensordecedor sonido del silencio anunciaba la medianoche, sombría y elegante. Sumido en la monótona penumbra de mi hogar, o mi vida tal vez, entendía que debía amalgamar el tiempo perdido.

Necesitaba un plan, la evasión se presentaba como la candidata más certera. Pensé en Tolstoi, sí, él podría ayudarme. Procedí a tomar un viejo tomo, descolorido, que intentaba ser verde musgo (anteriormente hubiese dicho tan solo verde, pero la complejidad de las nomenclaturas de los tiempos modernos no me permitiría ser tan obtuso). Inevitablemente se produce esa metamorfosis tan anhelada. Había abandonado mi habitación. Era un imponente caballero, respetable y honorable de la ajetreada Edad Media. Todos parecían observarme atónitos, con un dejo de admiración. Viví las tres horas más excitantes del día en que me encontraba, hasta desvanecer.

No son más de las diecinueve horas, cuando me despierto de esta agraviante, injusta y paupérrima vida que me toca vivir. Pienso comer algo para subsanar la falta de alimentos del desayuno y el almuerzo. Luego, supongo que realizaré la planificación del resto de mis meses hasta finalizar el año. Finalmente tendré que realizar un plan, porque seguramente haya perdido una considerable cantidad de tiempo en el intento de proyectar mi futuro. Y sí, siempre me caractericé por mi pragmatismo y reincidiré por el resto de los tiempos; me hostigarán por desafuero, por transeúnte de ideales, pero ahí estaré yo, en la excitante búsqueda de crear un plan, de ser meritorio de aventuras, del encuentro conmigo mismo.

Alexis Turnes Amadeo
(Publicado en "Argentina en versos y prosas", Ediciones Raíz Alternativa, 2009)

viernes, 23 de abril de 2010

Violet

No es la aptitud la que me corresponde, sí el coraje el que me apremia. Prolongar la razón de mi desdicha sería estar inmerso en el masoquismo que me caracteriza, por ello ignorare un preciosismo plagado de ficticios vocablos que enriquecen la hipocresía más sutil.

Una mañana de otoño, me encontraba caminando entre las hojas amarillentas que se deslizaban de los árboles. Éstas marcaban un sendero que, en determinado punto, se bifurcaban dividiendo el camino. Yo no sabía hacia donde me dirigía, pero el trayecto de una hoja perfectamente alineada que me había llamado la atención pareció indicarme la dirección. Y sí que lo había hecho, en efecto, me llevaba hacia la experiencia más intolerable de mi existencia. Caminé por el sendero, cuando, por una de esas casualidades que años más tarde uno se pregunta si realmente lo fueron, me tope con el ser más extraordinario que en mi vida había visto. Se trataba de una muchacha de no más de veinte años, yo hasta entonces tenía veinticuatro. Sus cabellos rubios parecían ir al compás del bramido del viento. Torpemente sabía que algo debía hacer para llamar su atención, no podía irme de allí sin antes conciliar un posterior encuentro. Como quien observa a esos galanes solteros de película yankee procedí a realizar el acto más vergonzoso que jamás hubiese hecho. Intentaría golpearla intencionalmente, pues si mi táctica tenía éxito, sus libros caerían, y yo, como buen caballero que soy, ayudaría a levantárselos. Pero esto no resulto como lo había convenido. Antes de realizar mi objetivo tropecé bruscamente con una baldosa que se encontraba desnivelada en la superficie. Consecuentemente caí sobre mi víctima, descendiendo finalmente, sobre el pavimento.

Pensé que todo había terminado para mí, pero aquella musa de la naturaleza, no pareció pensar lo mismo. Comenzó a reír con un desdén tal que inconscientemente me llevo a hacerlo también. Su mano estaba lastimada y ofrecí llevarla a la salita de auxilios más cercana. Accedió sutilmente. Mi suerte estaba echada. Debía ir más allá de lo que me indicaban mis cinco sentidos. Ofrecí invitarla a cenar. Ella acepto. Yo sonreí. Nos sonrojamos.

El encuentro era al día siguiente. Esa noche no pude dormir. Violet, así era su nombre, me trasladaba a las infinidades de mis sentimientos más oscuros y perversos, me descansa, renueva, ilusiona y desvanece.

Como estaba ideado, ella me esperaba en el Royal Aspen, a las veinte horas en la mesa que había reservado con anticipación. Le hice una reverencia, bese su mano suave como el terciopelo, nos miramos y, finalmente, nos besamos.

Fue el momento en que todo se volvió negro para mí. Lo inesperado comenzaba a suceder. Me encontraba acostado en una cama cuyas sabanas y colchas no variaban del color blanco. Quise levantarme bruscamente. Una fina mano me lo impidió. Era la de Violet. Sí, podía reconocerla. No recuerdo que había sucedido pero ella estaba a mi lado, y yo, era feliz.

Le printemps c’est jollie, comme tes yeux d’enfant tartamudeé. No hubo respuesta alguna. Escucho voces de fondo.

- Es el efecto de la anestesia señorita – repetía una voz masculina que me examinaba de cerca.

- ¿Cuándo estará bien doctor? Debo de cumplir con múltiples obligaciones en el día de hoy. ¿Ha llamado a su familia? – Interrogaba Violet con un nerviosismo que fácilmente podía percibirse.

- No hemos contactado a nadie señorita – Respondía el médico con un dejo de impaciencia,

- Es que no lo entiende doctor, contraeré matrimonio en tan solo tres horas, me topo con este hombre quien tropieza golpeándose fuertemente la cabeza, y no quisiera ser grosera de dejarlo solo aquí - .

Ya lo entendía todo, o contrariamente, no lo entendía nada. Violet no me pertenecía, y nada de lo que había imaginado sucedía en realidad. Mi vida no tenía sentido. Violet significaba demasiado como para perderla. Fue cuando me dejé caer. Ella debía casarse. Yo debía prepararme para lo que me era asignado. Reitero, cerré mis ojos y me dejé caer. Todo se volvió negro, difuso.

- Le printemps c’est jollie, comme tes yeux d’enfant, es la frase más hermosa que me han dicho en años –

Abro mis ojos y ella estaba ahí, en el Royal Aspen con su figura entallada. Acababa de besar sus labios carmesí. Había perdido la noción del tiempo. No sabía si lo que sucedía realmente estaba sucediendo. Me deje llevar por el momento. Disfrutaría sin límites la aurora boreal que se interponía en mi camino. Lo haría sí, por lo menos hasta que se suceda lo inesperado. Es lindo pensar que hay sucesos cuya fabulosa imperfección vuelven a la matriz de los hechos. Creer en la retroalimentación o feedback, sentir que mi vida estaba espiritualmente llevado a la predestinación, y yo iba a romper con esta última.

Alexis Turnes Amadeo
(Publicado en "Argentina en versos y prosas", Ediciones Raíz Alternativa, 2009)